ÚRCULO, sombrero desnudo
Urculo
Papel. (Colección viejospuertos)
* Juan Gómez Soubrier. Revista Album nº 13. 1986

"Úrculo, que ha desnudado tantos cuerpos, nos devuelve la ciudad desnuda": a partir de este último peldaño del relato de Arrensberg sobre la pintura de Eduardo y sobre Eduardo en su pintura, la última exposición de Úrculo comienza a entreverse en su propia dimensión.

Ni un negro despanzurrado, ni una hipodérmica ensangrentada; nada turba la tensa paz de la ciudad por excelencia. Nueva York se nos ofrece por encima del hombro del pintor, al fondo de sus desnudas chaquetas. Lo realmente desnudo es una chaqueta, el sombrero abandonado sobre la silla mínima y exenta de la Pequeña Italia. El cuerpo corre el riesgo de quedar, únicamente, desvestido. El desnudo total nunca baja una escalera, permanece frente al objeto , ante las calles silenciosamente tensas. Allí ha de encontrarse el espectador con el pintor.

Moralina en vena
Nadie pretenda inyectarse moralina en vena a través de esta desoladora visión en la que lo trágico y lo crítico no se explicitan al modo y maneras de ninguna desvencijada moral, nadie busque lo obvio más allá de su presencia misma. Ya es bastante con saber ver lo que el pintor ha sabido ver en palabras de Arrensberg: "Este hombre fascinado por el bullicio, la velocidad, lo plural, el desorden, la multitud, la mescolanza nos muestra aquí un Nueva York despoblado, desierto, quieto, recorrido por el viento del silencio, detenido por un instante de rabiosa atemporalidad, que conmueve los arcanos cimientos del asfalto".

La pintura parlante
Cuando el distanciamiento infinito del artista ofrece sus cuadros sin apoyo vano, cuando ni la anécdota pop, ni la referencia literaria, ni la catequesis política dan pie para hablar de la pintura de Úrculo, el espectador se encuentra en el claro trance de tener que "ver" la pintura como tal hecho plástico. Este es el triunfo de la actividad plástica sobre todo otro discurso de encantamiento, sobre toda distracción posible.

Esta es Nueva York contemplada por sí misma con los ojos de un pintor, ofreciéndose a nuestra contemplación de la mano de su presencia reencarnada en luz y color en toda su desoladora grandeza, su calma tensa, su quieta vibración.

Úrculo ha dejado que la pintura hable por su voz, se ha atrevido a pintar en lugar y vez de intentar vendernos el caballo azul de una crítica literaria, un discurso político, una moral al uso cotidiano. El que tenga ojos para ver hallará –bajo las pinceladas y gracias a su único apoyo– al través de los muros, más allá de los árboles de Central Park, bajo el indescriptible peso del cielo neoyorkino todo aquello que jamás encontrará el viejo detectador de puritanismos, el ensombrecido zahorí de los juicios de intenciones.

Chaquetas desnudas
La que, finalmente, queda desnuda es la chaqueta desprovista del cuerpo que la viste; no hay mayor abandono que una chaqueta encima del cemento, flácida, desnutrida de vida, inerte en su caída. Antes que un mono desnudo el hombre es una chaqueta llena de vida, el sombrero del que saldrá algún día el conejo de su propia suerte. O no será nada. Es decir, será pintura, plática, plano purísimo. Que no es poco frente a la ciudad.
Información adicional
Amarres crítica de arte,
Desembarcado en Juan
Compartir
IMÁGENES
Belén y sus espléndidas maneras
© Eduardo Úrculo. 1998
COMENTARIOS
No hay comentarios
Incluir los datos de la imagen de verificación. Su Email no será publicado
* Nombre  

Email  

Link  

* Asunto  

Comentario
   
* Requeridos      
RSS | © All rights reserved |
Powered by nexo5cwm