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* Artículo de Juan Gómez Soubrier publicado en 'Diario 16' el 20 de
julio de 2000 bajo el pseudónimo de Ju.Gom.Sou. Lector Compulsivo
El pequeño comerciante y, sobre todo, el comerciante pequeño de espíritu no quiere libertad de horarios. Solamente para los demás. El certero e inminente agosto ejercerá su derecho a dejarme sin prensa, sin medicinas, sin tabaco. Y conste que me refiero a comercios que viven de concesión, privilegio y oligopolio. No se pondrán de acuerdo los quiosqueros de Chamberí para alternarse en julio o agosto las vacaciones, ni los estancos ejercerán otra cosa que el cierre salvaje. Los enemigos de toda libertad cantaban: "El pensamiento es libre, proclama la nación, y muera el que no piense como yo."
Uno no va a ser más alto por cortarle los pies al compañero que ha crecido, y no por quitarle libertad a los altos almacenes me van a servir en agosto. No echo de menos los tiempos en los que con la excusa del descanso dominical sólo podía leerse los lunes una especie de periódico parroquial. Algún comerciante pequeño sería feliz –no me cabe la menor– si se restauraran las cartillas de racionamiento. A falta de tabaco buenas son las cerillas si juramos no volver a entrar en aquellos estancos donde se niegan a recargarnos el encendedor que acaban de vendernos. El gobierno que ellos trajeron les dará su merecido. No hay peor cuña que la de la misma madera. Ni voto más inútil que el que uno dé a los suyos. ¡Ay del comerciante pequeño que se desnuda ante un pequeño gobierno! El pequeño comerciante ignora, no solamente que dios existe, sino que es El Corte Inglés.
¡Ay, velay!
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