|
* Artículo de Juan Gómez Soubrier publicado en 'Diario 16' el 9 de octubre de 2000 bajo el pseudónimo de Ju.Gom.Sou. Lector Compulsivo
Dejen de pretender enumerar el censo de los grandes dipsómanos y de usar palabras grandilocuentes y tengamos en paz la libertad de andar por cualquiera de Las Ramblas jumado, acocullado, beodo, ebrio, temulento, achispado, bolo, curda, mona, pasado a medios pelos o echo una pura uva. Pasear la cogorza, agarrar una tea, coger una merluza, llevar una jumera de órdago a la grande, ponerse una moña, trincarse una turca, dormir la curda, el tablón o la melopea y tajada son actividades que han enriquecido la lengua docta y la popular. Observa, lector ínclito, impar lectora adolescente, la ausencia de anglicismos y barbarismos, ni siquiera hay galicismos lógicos en un país que, además de vecino y productor de vinos exquisitos, nos ejemplariza con un número de borrachos del que ni siquiera podemos presumir de adelantar. Pero mandemos a hacer puñetas a todos los sinónimos que en el mundo han sido y agarrémonos como náufragos del verbo al inefable refranero: "Quien bebe aquí y bebe allí, a la noche borrachín, y quien todo el día hace candelitas, a la noche tiene un cirio pascual". Sin olvidar que, "al borracho fino no le sacia agua divina" y que "a más vino, buena borrachera". Total, que "más vale borracho, que ahogado" y que "es mejor llegar trompa a la cama que muerto a la cava".
Y ni siquiera les van a hacer un maldito recuento. Más vale borracho conocido que abstemio abstracto. Por mucho ejército de salvación que le pongamos. Chicago no irá mejor.
|
|