El oficio estúpido de contar borrachos
* Artículo de Juan Gómez Soubrier publicado en 'Diario 16' el 19 de octubre de 2000 bajo el pseudónimo de Ju.Gom.Sou. Lector Compulsivo

Las autoridades no cuentan chistes: los ejecutan. Dime, lector impar, lectora ínclita, si es un chiste malo intentar contar y recontar a un enjambre de borrachos conocidos y anónimos por muchas excusas profilácticas que se le quiera echar al decreto catalán. Pues nada menos que eso se le ha ocurrido a la consejera de Sanidad de la Generalitat de Cataluña. Como ha señalado y glosado un compañero en este santo diario –fuera de estas libérrimas páginas, conste– hay que imaginarse la escena: un psicólogo y un médico recorriendo Las Ramblas para predicar al dipsómano habitual durante un cuartillo de hora sobre las virtudes de la sobriedad y los etcéteras.

No perderé un segundo en negar que la ebriedad sea una virtud, ni siquiera en subrayar que sería, en cualquier caso, una virtud menor. Pero sí estoy dispuesto a solicitar un día todo un cuadernillo "Fin y Fuera del Mundo" para reproducir apenas el uno por mil de los más cantores, las alabanzas que han dedicado los más sabios y los más poetas –suelen ser los mismos– al don de la ebriedad. No es fácil encontrar en los claros del bosque persona más docta, intemporal y mística que María Zambrano; repitamos con ella: "El vino es el que regala la embriaguez dulce de la inmortalidad, el delirio sagrado por donde se desliza la esperanza."

Recuerdo estremecido el pavor de los negociantes ilegales de alcohol a finales de los felices años veinte en el Chicago enriquecido por la prohibición de los más castos vinos y los mejores destilados. Ni un sólo mafioso, ni un único falsificador de alambique y tentetieso dejó de votar al candidato Hoover, que anunciaba el mantenimiento de la prohibición y espanto que contenía la Ley Seca.

Con su vino se lo tome la Generalitat catalana en la parte que le toca de país que dispone de 275.000 bares mal contados y la mayor libertad individual de comprar y almacenar vinos, destilados, espirituosos y cervezas de todas clases, incluidas las sin alcohol, que debieran estar incluidas en el censo de estafas degustativas y olfativas de la peor especie.

Solamente la siesta y el vicio de gozar de la familia compiten en la escala de valores de los peninsulares más recalcitrantes a la hora de fijar sus actividades favoritas, según la erudita y sabia encuesta realizada recientemente por Quota Sigma Dos. Nuestra consellera de Sanidad quiere hacer bueno el refrán y está dispuesta a empedrar de buenas intenciones el infierno del bebedor contumaz y, quizá, la plaza de San Jaume, que debe estar dedicada a más felices y suculentos eventos. De paso, no estaría de más recordar a esta y cualquier otra autoridad y poder que, para guiso catalán y suculento, el empedrat clama por un buen vino del Priorato y grita los sagrados nombres de Telmo Rodríguez y Álvaro Palacios como los grandes chamanes del don de la ebriedad feliz que reclama la siesta en familia y la ascensión al cielo de las bodegas profundas.
Información adicional
Amarres fin del mundo,
Desembarcado en Juan
Compartir
COMENTARIOS
No hay comentarios
Incluir los datos de la imagen de verificación. Su Email no será publicado
* Nombre  

Email  

Link  

* Asunto  

Comentario
   
* Requeridos      
RSS | © All rights reserved |
Powered by nexo5cwm