San Juan, es un gran fuego
La noche más corta
San Juan, es un gran fuego

Juan Gómez Soubrier
Revista Opinión 1977

La nueva fiesta nacional, el 24 de junio, san Juan - onomástica del rey de España- es por el contrario que el 18 de julio, una fecha que hunde sus raíces en los más increíbles ritos ancestrales (aunque sólo sean generalmente conocidos los alicantinos) de todo el país. Y tiene además otra ventaja: la de que más que un día es... una noche.

No hay santo más popular en cuanto a su celebración en todo el Mediterráneo y aún fuera de él. El nacimiento de san Juan Bautista es celebrado sin interrupción al tiempo que se resumen en él cantidad de ritos ancestrales propios del cambio de solsticio. Mientras la vida española se comienza a repensar en lo actual, sorprende la celebración de este santo con rituales tan diversos y poco conocidos ya que, como dice Caro Baroja no existe un libro sobre tema tan importante. Desde las imágenes duras del profeta en el desierto, hasta las interpretaciones dulces e infantiles de Leonardo o Murillo, pasando por su iconografía en función de bautizante de Cristo, no ha habido época del arte que no le distinga, completando los festejos populares tan extendidos. El santo Rey convierte en fiesta nacional un día que ya era festivo en muchos lugares. Junto a las celebraciones de la Iglesia católica, los actos populares y la atención del arte, la nueva fiesta es un símbolo de la riqueza y profundidad de los pueblos ibéricos buscándose a sí mismos. ¿Qué se ha hecho esa noche en España? ¿Qué se hacía antaño?

SORIA. La más representativa de las fiestas se celebra en San Pedro Manrique, con sus mozos pasando por encima de las brasas. Y, como sucede en muchas otras cosas, ha de seguirse la técnica contraria a la aparentemente aceptada. No se pasa como "sobre ascuas", que suele significar pisando poco, sino que se pasa con otro mozo a horcajadas del pisante lo que parece disminuir la probabilidad de quemadura. Quizá se den un unte en los pies, quizá no, lo que tiene gracia es oír que sólo los de allí no se queman.

GALICIA. Las muchachas dejan el lecho al amanecer para recoger la mítica "flor del agua", que puede ser desde la rosa hasta el trébol de cuatro hojas. La "flor del agua" sólo va a existir unos instantes al brotar en el espejo del agua. El rito de fertilidad llega en Galicia hasta el extremo de invocarlo en la playa de la Lanzada, por la noche, recibiendo el golpe consecutivo de nueve olas en el cuerpo. Parece ser que esas oleadas llegan a ser sentidas en lo más profundo del ser hasta alcanzar la primera catarsis según testimonios directos y recientes. El amor renace al amor del fuego por tierras de Ulla y Silleda, cuando las mozas canturrean: "Salto por encima del fuego de san Juan, para que non te morda nin cobra nin can", tratando de saltar las ascuas sin rozarlas para invocar la buena suerte (mezclando otra vez como en la vida misma las conveniencias de la práctica con el contenido mágico de la creencia) o incitando a la competencia amorosa; "Amor es fuego, quien no se atreva a saltar por las llamas que no me quiera". Se salta en primer lugar individualmente y luego por parejas. El no quemarse lleva además aparejada la aparente fortuna de casarse antes del año. En Viana del Bollu se requiere a la fertilidad revolcándose las jóvenes a la alborada en el prado bañado de rocío. Así se hacía también en Borines (Asturias) y en algunas localidades sorianas.

MEDITERRANEO. Menos esoterismo y más fiesta jocunda en el Mediterráneo. Aquí el fuego es alegre. En Barcelona donde se queman las cosas inservibles al tiempo que los niños saltan los rescoldos al son de "Sant Juan, bon Sant guariu-nos de ronya i de tot altre mal", o aquella que dice: "Per Sant Pere es saltem per darrera, per Sant Joan es saltem per devant".
Las doncellas rurales echaban en un recipiente con agua bendita la clara de un huevo del día, y luego de haberla dejado reposar y proceder a una atenta contemplación, la jóven veía la forma del marinero, labrador, etc., que había de ser su marido. Al cascar el huevo debía decirse la frase de ritual: Sant Juan Baptista, Apostol y Evangelista, per la virtud que teníu vos diheume l'art del meu espos". En esta jaculatoria mitad sacra y mitad profana se procede a una rara simbiosis entre los dos santos, confundiendo al santo evangelista con el precursor, sin que los intentos de prohibición del encendido de fuegos por parte de la Iglesia católica hayan sido nunca efectivos ni reiterados desde hace siglos, continuando así la tradición naciente en Beltina y Lugnasad. Las ancestrales fiestas en honor de la diosa Ceres o los rituales ilustrativos y de fertilización agraria nacidos en la Tracia clásica a través se repite en las canciones (A coger el trébole, el trébole, la noche de san Juan) y en las propiedades salutíferas junto a la albahaca y la hierba verbena. Al amparo de semejantes virtudes del mundo vegetal nacen las enramadas adornando las ventanas del ser amado junto a las cerezas envaradas y las manzanas sanjuaneras. Las ramas de zarzamora (gabarrera en la zona) sirven para encender las hogueras en Valencia después de que sus flores sirvieron para celebrar la llegada de la primavera.
Si se pone con la debida un puñado de granos de maíz o de habas en el alféizar de la ventana al día siguiente se les encontrará transformadas en monedas de oro, aunque a veces basta con recoger simiente de helecho que florece y grana en la noche celebrada. Mientras, las mozas casaderas echan un cubo de agua por la ventana y preguntan luego al transeúnte que resulte mojado por el nombre del futuro marido. En Sevilla otras veces se vierte el plomo derretido en un recipiente con agua y se procede como en el rito catalán para investigar la profesión del futuro esposo también acompañándose de una canción: "San Juan Bautista, sol de soles, déjame ver al hombre de mis amores".

CURACIONES. La noticia es de este día de san Juan. En Málaga, una mujer llamada Dolores Martín, madre de tres hijos tenía ya cola días antes de san Juan porque aquellos que acuden a ella al amanecer se verán curados de sus verrugas si alcanzan a que les frote la parte enferma con una mata fresca y recién cortada. El hecho cierto de las curaciones aparentes de enfermedades que parecen orgánicas y son psíquicas mantiene la fe popular en estas prácticas. De ahí han nacido los "ritos del paso" que consisten en las curaciones alcanzadas por pasar a través de un elemento. Así ocurre cuando se curan las hernias de los niños pasándolos por la horquilla de un roble, alberchigal o encina, cual sucede en Aragón, Navarra o Ribera del Ebro. Tres hombres, que han de llamarse Juan se pasan al niño diciendo: To, Juan (tómalo Juan). La rama cortada se une luego de pasar al niño y si suelda es indicio de la futura salud del niño. En Archena el cura entona antes una salve (a las doce en punto de la noche) comenzando el ritual tras desnudar a los enfermos. El rito del paso llega a tener derivaciones extremas. En San Vicente de Alcántara hasta hace pocos años se introducía a los niños en la iglesia y en el momento de alzar se les dejaba colgando cabeza abajo cogiéndolos por los tobillos.
Los bailes tienen un sabor mayor de alegría como el baile bordón y otros semejantes la espata-dantza que se baila ese día en Tolosa por hombres solos. O cuando en Vizcaya se arroja una piedra a los rescoldos de la hoguera. Si el primero que mueve la piedra al día siguiente encuentra debajo de ella un cabello blanco se casa en el año. Y la alegría continúa como buen presagio a los nacidos en tal noche, según creen en el Alto Aragón. Aún más curioso y narcisista es el encuentro de la imagen del presunto novio sobre la superficie del agua (Andalucía) o a través del espejo (Berlanga de Duero) o contemplándose la joven desnuda ante el espejo con una vela en cada mano.

CONDE ARNALDOS. La noche de san Juan, y su correspondiente alborada terminan por seducir al romancero. "Caminaba el conde Arnaldos mañanícas de san Juan" comienza la historia en la que el pueblo camina en forma de pescador por la mar y va cantando. El conde, imagen del poder, le ve desde la comodidad de la tierra firme y le suplica que le siga cantando aquella canción que acertó a oir sólo en su parte final. Y el marinero- pueblo, le contestó con esa respuesta que mantiene su vigencia y actualidad como lección constante de brújula política: "Respondióle el marinero,  tal respuesta le fue a dar: yo no canto esta canción sino a quien conmigo va".


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Amarres viajes, historia,
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San Joao. Oporto
Foto:Juan Gómez Soubrier
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