|
Artículo de Juan Gómez Soubrier para la revista: Hombre de hoy-1986, firmado con el pseudónimo de Juan de Zarandona
Cualquier vasco de la anteiglesia de Izpáster, donde tiene su asiento la casa solar de Zarandona, podría distinguir a un autentico musolari de un menbrillo en la manera de anunciar que se dispone a atacar a quien es mano en ese momento, arte sutil para el que es cosa de tentarse bien las ropas y apretarse mejor los machos. Jugar contra la mano "con un pimiento", es tan arriesgado como el comer semejante fruta de huerta cuando ésta es de Padrón, ya que si "unos pican y otros non"en el plato, los otros pueden tornarse lanzas sobre el tapete y volverse contra el insensato que osó contradecir las reglas sin mejores armas que su fútil palabrería de revendedor de entradas de toros en ferias de postín.
Picar en Flandes
El membrillo no debe merecer más consideración que la que posee como descendiente apócrifo de aquel protagonista de una famosa escena del anecdotario español que nos recuerda Julio Camba:”Un presuntuoso personaje, al alistarse en los tercios de Espínola para la campaña del Palatinado, se despedía de sus deudos exclamando: Parto para la guerra de los Terinta Años”. No resulta dificil separar al membrillo del digno musolari, como no lo era diferenciar a aquel falso profeta de quien era capaz de poner “una pica en Flandes”.Pero dejemos en su ostracismo a estos falsos conferenciantes – reventas ciertos- y examinemos las suertes de envidar contra la mano.
Si se lleva una jugada excelente, es obvio que la frase se usa como ardid lícito y casi explícito, al igual que si se ha observado seña clara del compañero. Pero cuando cobra todo su esplendor es en el supuesto de que se haga para evitar que la pareja que en tal turno lleva la voz cantante mejore su carteo, bien sea porque ya les llevan más ventaja de la debida, bien por jugar a apuntarse todos los tantos, según convenga dada la marcha del tanteo. Jugar en dichos supuestos dejando todo- o casi todo, que las palabras grandilocuentes y definitivas le sobran en la boca al musolari- en paso, variante que recibe el cariñoso apelativo de “jugar al tran-tran” y que el membrillo suele confundir, en sus cerrazón prepotente, con “jugar al buen tun-tun”sin tener ojo de buen ni de mal cubero;sencillamente sin tenerlo.
Luz de gas
A veces, el pimiento consiste en quitar mano con un par de ases siendo postre, lo que hace inevitable el farol al tratarse de la grande y los pares. Dicho farol no debe ser aquel arte rudimentario del que hacía gala el personaje de "a venganza de Don Mendo" para cazar aves a lazo:” Se le alumbra, se deslumbra con la lumbre del farol, se le arrea un estacazo y a otra cosa.” La luz de tales faroles suele ser tan peligrosa como el título de la película de marras, “Luz de gas”, que ya sabe el avispado lector como terminaba. Tan cierto como que a veces cuela el farol es la celebérrima frase francesa:” Un élephant se trompe enormement”, que como todo el mundo sabe, quiere decir:” La paciencia es la madre de las virtudes”. Y el musolari es hombre de paciencia infinita, que se sienta sin prisas a la puerta de su cadáver hasta que ve pasar la casa de su enemigo, que no hay riada que por bien no venga.
Varita de Mariscal
Si Napoleón proclamaba que cada soldado de su Imperio llevaba en la mejilla la vara de mariscal de Francia, no es menos cierta la anécdota que refiere cómo, tras examinar un brillante expediente de un general propuesto para su ascenso a mariscal, pregunatára Bonaparte: “¿Pero...tiene suerte?”.Por lo que conviene que, amén de la sabiduría, el pimiento venga de la mano de esa estrella de Oriente que regresa cada Navidad para los buenos musolaris y que no gozan todos los que se sientan a una partida de cuatro cartas: los hay que nacen con estrella, los hay que nacen estrellados, y aquellos que se merecen que los esterellen. Molestia que jamás se tomará el musolari, y menos en las tranquilas partidas cercanas a Nochebuena. Quien tiene su origen en la anteiglesia de Izpáster, como el que ha aprendido a hablar en la segoviana Santa María La Real de Nieva – maneras de señalar, como cuelquier otra, a gentes bien nacidas para el mus- sabe que jugar contra la mano no debe importarle ni una pizca más de un pimiento. Aunque sea de Padrón y muy señor mío.
|
|