Acompañada ausencia
Arenero vestido "A la Goyesca"
Foto:Juan Gómez Soubrier

Artículo de Juan Gómez Soubrier
Firma Invitada de  La Voz de Almería
1984.

La feria de Almería guarda en mi recuerdo eterna ausencia a Manolete, torero anunciado en plaza cuando la muerte se lo llevó al cielo de Linares.
Si la madrileña plaza de Las Ventas rememora cada año en silencio, el fallecimiento de Joselito, muerto al día siguiente a la festividad del patrón de la villa y corte, la plaza almeriense tiene para mi oculto el significado de la palabra ausencia, que yo aprendiera la tarde en que esperábamos ver torear a Manuel Rodriguez.
Si Bergamin ha creado un mundo poético alrededor de la callada música del toreo, el público de Almería inventó aquella tarde la ausencia acompañada, algo que yo he llamado en otra ocasión el primer silencio.

La noticia había corrido la playa por la mañana como un reguero de luto sobre la espuma que nace y muere desde las Almadravillas al Zapillo.
Loa niños rompían el mar lanzándose sobre un fino polvo de “mineral” traído por el aire de poniente desde lo más alto de la “cucharilla del cable”, cuando el hoy gran pintor Juan Ballesta inventaba, a la legua del agua, como he escrito en otro lugar, sus primeros dibujos de luz sobre la húmeda arena.

Todos ausentes aquella tarde, la fiesta acompañando la ausencia de Manolete ni siquiera pudo encontrarse cada uno así mismo después de la corrida. Recuerdo la tristeza inundando la calle Granada, la puerta de Purchena, la Rambla de Alfareros, el Paseo -almeriense paseo sin adjetivos- hasta llegar al espejo del mar.
La Almería dorada de la que habla Manuel machado- el mejor poeta de los Machado- conocía la ausencia y la acompañó hasta el mar.

Ese “espejo del mar” que, antes de dar título a una famosa novela de Joseph Conrand, dio nombre a un libro del gran escritor almeriense Villaespesa, un importante creador al cual debe Almería revitalizar y dar a conocer (tema importante sobre el que hay que volver).
Villaespesa que conocería todos los éxitos y todos los fracasos, supo mucho de ausencias y de afición a los toros desde su primera infancia, la misma edad en la que el autor de estas líneas gozó la hospitalidad del mar.

La primera carta de amor de Villaespesa, cuando contaba trece años, era el anuncio de una proyectada corrida de toros, en la que pensaba actuar nada menos que como primer espada, en la que solicitaba la aceptación de la presidencia a una prima suya destinataria y receptora de la carta.

Si cada uno de nosotros es únicamente su memoria, una parte importante de los niños que acudimos aquella tarde a la plaza- yo estaba perdido entre mi padre y mi abuelo- lleva para siempre en el recuerdo el nacimiento del silencio.
El escándalo de la gloria y la milenaria solidaridad que reunió a los aficionados almerienses para acompañar la ausencia del “monstruo”, cuando aun los carteles proclamaban por las esquinas la próxima actuación de Manuel Rodriguez
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Arenero vestido "A la  goyesca".
Foto:Juan Gómez Soubrier
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