Viajeros de rumbo fijo por la rosa de los vientos: Tres clásicos de Vernau, Antonio de Andrade y Mesonero
Paseando con Phileas fogg
Foto:Belén Laguia

Artículo de Juan Gómez Soubrier
Disidencias-suplemento cultural de Diario 16.Nº137,31 de julio de 1983
.

No será mal viajero aquel que sin alejarse del botijo , abandonar su butaca ni perder la calma sea capaz de compartir andadura que a principios del siglo XVII llevó Antonio de Andrade hasta las altas montañas del Tibet sin otras alforjas-¡ guay de las murcianas “agüaeras” infantiles!- que unas pocas e inciertas noticias de que en dichos lugares quedaban vestigios de un cristianismo primitivo.

Dura escalada hacia las fuentes de aquel Ganges cuyos valles bordeó sin siquiera pensar en ver aquel viajero de apuesta y ocasión llamado Fhileas Fogg, pero fácil para quien añadió al piñón fijo de la fé el avituallamiento de la emulación con los nativos y que no se detendría ni siquiera cuando “Acontecióme darme un golpe, y caérseme un buen pedazo de dedo, sin poder yo dar fé de tal, ni sentir herida, sino fuera por ver la mucha sangre que de ella corría. Los pies teníamos tan helados e hinchados que, quemandonoslos después con brasas vivas, y hierros abrasando, no teníamos sentimiento alguno.”


Cartas
Si esto aconteció en el primer viaje, que aún hubo de iniciar disfrazado de mogol, no fue bastante a disuadirle de iniciarlo otra dos veces y rendir cuenta de su misión a sus superiores en otras tantas cartas estremecedoras por su veracidad , por lo directo de las observaciones y por lo espontáneo de las apreciaciones sobre unas tierras en las que falleció sin volver a la paz de aquella Coimbra cuyo encanto , según el viejo fado, crece en la hora de la despedida.
Con añadir unas gotas de castiza cazalla al botijo, el discreto lector, puede ya subir a bordo del segundo libro de la misma colección- que en cuidada edición de 1.500 ejemplares tiene una relación calidad –precio muy recomendable- y partir hacia La Francia y La Bélgica de hace un siglo patroneado por aquel curioso parlante que fue Mesoneros Romanos en singladura de ritmo señorial y redondo sonido en los motores, cuya ironía viajera posee “freno y marcha atrás” como las motos Harley y los corazones de Jardiel Poncela.


Ladrones
Tras bajar del burro a los viajeros franceses que se quejan por no  haber encontrado ladrones por el camino y que vienen con el viaje ya escrito, arremete contra los embaucadores del futuro viajero a quien “si habita en la ciudad se le encomían las delicias del campo y si es campesino se le hace abrir la boca pintándole los encantos de la ciudad”, o critica sin piedad la manera de “vivir ”el campo las clases privilegiadas españolas , sin dejar de reparar en la descarada publicidad que hace una viuda parisiense sobre la tumba del marido:” La viuda inconsolable tiene el honor de prevenir al público que el almacén sigue abierto.”

Los dioramas, cosmoramas, navaloramas, georamas y otras muestra del “inventismo”de su época quedan tambien reseñadas como su admiración ante el “caballo de hierro”en la estación de Malinas, que le hace adelantarse varias décadas al manifiesto futurista de Marinetti de 1909: “Donde tendría el placer de hacer cambiar de opinión a los señores poetas que afirman que en este siglo se carece de poesía”.De ahí a decir que un automóvil lanzado a toda velocidad es más bello que “La Victoria de Samotracia ”no hay un paso.

Xenófobo con las mujeres se hace un abrigo con la despellejada piel de las francesas y alaba el palmito de nuestras paisanas; añorante, visita las tumbas de los exiliados “Urquijo , Moratín , Silvela...”y  recuerda que como en todo lugar alejado del Mediterraneo la primavera en París viene a ser una pura metáfora. Con lo cual lo que realmente se hace es un viaje alrededor de Mesosnero Romanos y sus observaciones implacables.


Canarias
Y si el viajador es un científico, el botijo se convierte en microscopio, rumbo a las Islas Canarias donde permaneció cinco años Verneau estudiando sus antiguos habitantes , alimentos , organización social y sus experiencias ante la superstición , la pobreza y la vida cotidiana , las “luchadas”, las peleas de gallos , parrandas , leyendas, esquíla de dromedarios , entierros. Casi nada escapa a este observador enamorado que hasta llegó a implicarse en las discusiones entre islas a favor de ésta o aquella. Tanto puede ser el amor de quien viajó para conocer a fondo el paisaje imposible de San Bandrán.

Verneau analiza unas islas que seran míticas en toda tradición viajera que se precie, desde la que las lleva a ser la Atlántida de Platón hasta constar de 27.000 islas que le adjudica Mohammed-el-idrisi, o pobladas por manzanas de oro, ya siendo las islas de la felicidad , ya los Campos Elíseos y sin dejar jamás de ser jamás la tierra sempiterna de los guanches legendarios , adonde él volvería de nuevo a sus ochenta y tres años (en 1935) , prendido en secreto afrocán de pintaderas y espirales para recordar que en el siglo anterior él mismo había recomendado “por condiciones patológicas y climatológicas ”las ventajas de Canarias como estación de invierno.

Gentes que sabían ver y viajar, como ese gran viajador que hizo los mejores viajes de su vida desde el comedor a la cocina y desde el salón al dormitorio , que se llamaba Lezama Lima y que supo hacernos ir hasta el Paradiso. Pero ese es naturalmente , otro viaje al que no podrá hacerse bienvenida hasta dar, de este, cumplida despedida. ¡ Buen viaje lector ¡, que ni por harto hay que dejarse la comida, así por calor la manta.





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