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Artículo de Juan Gómez Soubrier Crítico de arte de la Revista Hombre de hoy Nº4, año1987
Cuarenta naipes que merecen un buen descarte.
Mucho me temo que la "Baraja Española de Pintores Murcianos" editada por la comunidad de dicha región, sea -aun a su pesar- claro y fiel exponente de la política cultural de cortos vuelos que anida en las orillas del Segura. Y no es que diseñar una baraja no sea empeño meritorio ni ejercicio que ha dejado de tentar a los artistas plásticos de los más diversos tiempos y lugares. El pintor Guillermo Pérez Villalta ha realizado recientemente una baraja, y un grupo de artistas del Village neoyorquino ha hecho lo propio la presente temporada.
Pero pretender que es una baraja, con la que es prácticamente imposible jugar a nada que no sea el narcisismo propio de cada uno de los artistas representados en la misma y cuya presentación en Madrid ha recibido los escasos honores de la estación de Metro de Retiro, después de finalizada la temporada de exposiciones, alcance las ambiciosas metas expuestas por el consejero de cultura regional murciano, Esteban Egea: "Esperamos que las exposiciones ya programadas en salas nacionales y extranjeras, como la edición de tan singular catálogo, permitan cumplir el cometido de promoción y divulgación de la biografía y la obra de nuestros artistas y acercarla a todos los públicos", es mucha pretensión.
Tan dilatada proclama -y aun soflama para hablar en términos panochos- no responde a la realidad sino en calificar de singular a un catálogo en el que tan sólo se repiten los nombres de los pintores que ya constan en las cartas y el estuche de la baraja. Se añade, eso sí, el teléfono y la dirección del artista, punto en el que la falta de imaginación raya con lo inconcebible. Ni una sola palabra, aparte la brillante introducción oficial ya comentada, contiene el presunto catálogo que ostenta, eso sí, el record de localismo mal entendido al transformar lo que debería ser un texto cultural en la guía telefónica de los amiguetes del cataloguista.
Una baza perdida
Se ha desaprovechado la ocasión de diseñar una baraja, al ser -básicamente- reproducciones de cuadros, dibujos o bocetos y no un diseño con las exigencias que el mismo comporta. El intento de unificar tal embrollo en el marco diseñado con exquisitez y delicuescencia habituales por Gadea y Almansa se ve frustrado por la sucesión de nombres de edades, estilos y conceptos tan distintos, que le aproxima más a un muestrario de charcutería que a una representación de la cultura murciana, dicho sea con todos los respetos al honrado gremio de embutidores. Si la cultura dirigida desde la Administración tuviera algún sentido, éste sería el de ocuparse de aquellos temas culturales que afectan al pueblo del que tanto se habla cuanto se ignora. El naipe murciano merecía un especial tratamiento en su juego específico: el Truque, y no hubiese sido mala ocasión para publicar su reglamento en lugar de los teléfonos de la pandilla.
El Truque, que se juega en Murcia, presenta, además, variantes de interés dentro de la región y está relacionado con el Truc que prepondera en los países catalanes y con el Truco argentino. Ello habría sido útil por la posibilidad de estudiar las relaciones culturales de Murcia con otros lugares. Pero para jugar esta baza, se habrían necesitado horizontes más amplios que el de contentar a todo el mundo desde el venerable Ramón Gaya al pintorcete incipiente. La exposición celebrada el año pasado en el Museo Municipal de Madrid, presidida por el mismo criterio de incluir a todo pintor amigo -vivo o muerto- y el nulo éxito alcanzado deberían haber servido de advertencia.
Mata al Rey y vete a Murcia
El director regional de cultura resume bien su política acerca del tema. A riesgo de que el lector se quede in albis, se reproducen aquí estas palabras de Pérez-Espejo: "La magia de lo imposible puede hacerse realidad y el significado onírico del guarismo no se combina tan adecuadamente con la representación antropológica del poder, el ingenio o la belleza, como en nuestra baraja española". O sea que, encima, se cree que le ha enmendado la plana a don Heraclio. Que nadie se queje luego de que alguien pronuncie el viejo refrán: "Mata al Rey y vete a Murcia". Y que no salga ahora algún erudito de cafetín a intentar explicar que el proverbio original decía: "Mata al Rey y vete a Lorca". No tan sólo porque ya lo sabemos, sino por si nace alguna suspicacia en el presidente de la Comunidad que, como buen lorquino que es, también lo conoce.
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