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Artículo de Juan Gómez Soubrier Bajo el pseudónimo de Juan de Zarandona Revista Hombre de Hoy , año 1987
Si supiesen jugar al mus con la misma facilidad con la que han escrito su espléndido libro sobre este juego impar -aunque pares se tengan, lleven y contrasten-, los periodistas, y sin embargo colegas, Javier Villán y Javier Martínez Reverte, serían realmente insufribles. Pero, dada su natural bondad, tuvieron que estampar como dedicatoria del primer ejemplar salido de la imprenta el testimonio de su derrota frente a los finos y airosos envites del no menos ilustre escritólogo Javier Figuero y el perverso escritor erótico de estas páginas, Juan de la Cossilla.
Un ilustrado libro
Tan diversos en su pluma como en su físico, el uno con aire crecidito de Niño Jesús de Praga y el otro escapado de un grabado costumbrista, Villán y Reverte han coincidido en elaborar un libro de mus al que, con razón, titulan "El Libro del Mus", en el que la ciencia musística no solamente se ilustra con ese impar saber que acumulan las derrotas sino que, además, va realmente ilustrado de la experta y hábil mano de Celedonio Perellón, último artista que posee el secreto de los aires tabernarios y la grandeza de las ruinas clásicas.
Los chicos de la prensa
Desde que nuestro glorioso patrón San Heraclio y su apóstol Mingote tomaron en serio la instrucción de los catecúmenos hacia este catecismo de cuarenta mandamientos llamado baraja, el gremio de la canallesca, antiguamente conocido por el no menos curioso apelativo de "chicos de la prensa", figura entre sus más asiduos practicantes. Si ganarle a Javier Urrioz -de Euskal Telebista-, en su guarida del Anxove, es un placer de dioses, la infértil llanura manchega de Los Madriles puede depararle ocasión -si se atreve- de vencer a Fernando Reilein, al margen de sus húmedos problemas o, girando a la derecha, robar unos minutejos a Ramón Pi, flamante director del renovante y quizá algún día renovado "YA", enfrentarse de soslayo al envite rotativo de Juan Luis Cebrián o demostrar el grado de membrillez de algún que otro tenedor de cartas con ínfulas e ínsulas de periodista cientificista.
Aprender en silencio
Quizá el caso más curioso, expuesto a nuestra consideración, sea el cuidado aprendizaje de Carlos Santos, redactor que, tras una ligera obcecación de años , en los que se negó a sufrir la debida catequesis, aprendió de incógnito -y no a solas como pretendió hacer creer- hasta comparecer ante el respetable con el carteo bien sabido y el reglamento de corrido. No servirá para tales noviciados el libro de Villán y Reverte, ya que no pretende ser manual ni aun siquiera tratado y va dirigido, desde su primera línea, a quienes como ustedes ya conocen sus secretos. O sea, que si quieren aprender habrán de fijarse en el estilo impar y elegantísimo de Pilar Cernuda, en el tira y afloja de Fernando Jáuregui, o el arrojado proceder de Manu Leguineche, salvo que prefieran la descuidada escuela impecable que, según dicen, tiene Jesús Picatoste o la reverenciosa ceremonia de Ramos Perera.
Mus a primera sangre
Como los duelos a primera sangre, los dibujos de Perellón cautivan al musolari. El "Mus y la Mujer", el "Mus y los Toros", o esas treinta-y-una que campean en el trasero de una joven, presumiblemente bella, son poemas trazados de una sola línea. Si Malraux escribió su libro sobre China para poder pagarse un viaje hasta tan lejanos lugares, este volumen habrá de ser el primer libro de la historia con provecho didáctico para sus autores. Nosotros nos lo compraremos por su belleza. Y ellos para aprender. En cabeza propia.
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