El quite del biberon
Foto:Juan Gomez Soubrier
Articulo de Juan Gomez Soubrier
Revista Panorama 1987


Los adolescentes que se juegan la vida cada tarde esta temporada, bajo la legendaria sombra de sus padres, no han recibido jamás una cornada del hambre. No prefieren las cornadas del toro a las de la «hambruna», sino a la falta de fama, leyenda, mito; en definitiva, temen a las cornadas que da la afición, la ausencia de notoriedad, la vulgaridad del tiempo presente.

El mundillo taurino se ha puesto en pie y ha atisbado la realidad de un negocio suplementario que rara vez aparece con tanta claridad: la serie de novilladas de postín cuyos carteles van a girar esta temporada alrededor de esta cohorte breve y selecta, que polariza en su entorno a toda la clase torera. Los viejos encuentran de nuevo disculpa para su nostalgia, los profesionales se dividen en las fidelidades a los diversos y poderosos clanes, los aficionados tienen ocasión de ver derrochar ilusión y casta a unos jóvenes que han tenido el acicate de coincidir en los mismos ruedos que sus padres y al mismo tiempo. Todo colabora a la especulación económica –unos mil millones de pesetas suplementarios facturará este año el negocio de los toros gracias a estos novilleros– y al renacimiento del cotarro taurómaco, cuyos protagonistas hacen rejuvenecer a sus progenitores y envejecer a los nuevos aficionados, que preguntan por las hazañas de quienes les han dado el apellido, y el coso anda justamente alborotado.

Julio Aparicio busca una iglesia en el alicantino pueblo de Ondara poco antes de la comida, sufre quizá más que si él mismo torease. Miguel Báez (Litri) recuerda desde su finca el día en el que tomara la alternativa junto a Aparicio, hace treinta y siete años, en Valencia, un día del Pilar, de la mano del legendario Cagancho, que en aquella ocasión se retirara. No suele asistir a las novilladas de su hijo, con la reciente excepción de la de Castellón.


PATERNALISMOS

No va a ser fácil eliminar detalles inevitables de paternalismo en unos progenitores que han sido grandes figuras del toreo y aún están en edad de sentir viva la nostalgia y el gusanillo de manejar un capote. Alguno de ellos, por ejemplo, aún tiene una veintena de ellos sin estrenar. De todos modos, no es la primera vez que se plantean situaciones de este tipo en el ruedo, ni será posible volver a contemplar a los padres sentados en el estribo y dispuestos al quite, como le ocurrió a Rafael “El Gallo”: «No levantábamos ni una cuarta del suelo “Revertito” y yo. ¡Na’, unos chaveas! Salieron con nosotros los cuadrillas de mi padre y de “Reverte” para echarnos una mano, y mi padre, con Emilio “Bomba” y “Reverte”, se sentaron en el estribo vestidos de paisano y con un capote al brazo por si necesitábamos algo.»

Los carteles de “niños toreros” han tenido gran éxito en varias épocas del toreo, y la más representativa es justamente aquella a la que se refiere “El Gallo” y de cuyo inicio se cumplen exactamente noventa años esta primavera; y la rivalidad local entre Sevilla y Córdoba fue sin duda cosa importante para la expectación despertada. Al cuartero formado por los “juniors” “Litri”, “Camino”, “Lozano” y “Aparicio” hay que añadir el de algunos novilleros locales que arrastran partidarios desde sus primeras actuaciones, como ha sido el caso del novillero de Colmenar de Oreja Juan Cuellar, cuya presentación en Madrid significó una “toma” de la plaza de Las Ventas para sus convecinos, bien provistos del rico vino del lugar, los unos, y de ramos de flores, los otros.


TODO UN MUNDILLO

Novilladas donde el ganadero es tío de uno de los novilleros, el apoderado emparenta con los otros y se producen casi todas las variantes posibles en álgebra son cosa normal esta temporada en la que el hijo de Pablo Lozano continúa la afición de su padre, que, si bien no alcanzó la fama de sus colegas, ha tenido una gran influencia en el mundillo como empresario y miembro de un grupo poderoso en el ámbito del toro.

El “pique” entre dinastías, más que el hambre que no ha conocido ninguno de los novilleros citados, ha de poner bozal a los mamporreros del tópico, costumbristas de discoteca y nostálgicos de la cutrez del robagallinas que se hace millonario; hay que pensar antes en emulaciones con reminiscencias aristocráticas, acciones de jactancia y alardes personales de valentía. No en vano Rafael “El Gallo” confirmó la veracidad de un artículo publicado por Ramón Serrano Suñer en el que decía: «Cossío invitó al “Gallo” a un homenaje al duque de Alba. Rafael dijo que no estaba vestido para la ocasión y añadió: “Lo siento porque mi casa y la de Alba se han llevado siempre en muy buena amistad”.»

Algo así como lo que está sucediendo y puede acaecer por las plazas hispanas a lo largo de una temporada en la que los novilleros van a hacer el quite del biberón a más de empresario. La “Fama”, dama insaciable, sonríe satisfecha.

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