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Artículo
de Juan Gómez Soubrier, critico de arte Revista Opinión 1977 La
pintura polaca actual llega como una primicia del Este. La
indudable oportunidad de la exposición de pintores polacos
contemporáneos ha supuesto la posibilidad de abrir el panorama hacia
el Este europeo en una materia tan poco conocida como lo es la
plástica de los países socialistas. Más de setenta cuadros en el
palacio de Velázquez del Retiro madrileño representando el quehacer
de veinticinco artistas polacos son la primera embajada de tipo
cultural que en este caso ha coincidido con la reanudación de las
relaciones diplomáticas entre nuestros dos países. DIVERSIDAD. La exposición nos presenta
suficientemente dispares criterios de enfocar el arte en este momento
y en ese sentido carece de la uniformidad con la que se suele
describir el mundo plástico de los países del Este cuando el relato
es occidental, independientemente de los niveles de información
sobre la actualidad de las corrientes más en la onda de la
vanguardia occidental, donde evidentemente aparece un cierto desfase
y una tendencia a seguir modelos establecidos. Ello es más notorio
en el terreno del especialismo y más disculpable en el campo
surrealista por el carácter de tema ausente de modas y constante que
ha adquirido. PRESENCIAS. La presencia más familiar para el espectador es sin duda la de la
obra de Szajna (titulada "Environment") no solamente por
haber sido expuesta en Venecia y reproducida en gran cantidad de
publicaciones, sino por tratar de un tema ya incorporado a nuestro
inconsciente colectivo: el exterminio en el campo de concentración
nazi de Auswitz, realizado como un montaje corpóreo y patético, que
tiene la cualidad de sumergir al espectador en una evocación donde
no se ha perdido la proximidad con el alejarse del tiempo. También
destaca el impacto de la obra de Gierowski por la tensión que
comunican sus personajes edificados con sobriedad de forma y color y
en los que la aparente calma engendra un silencio que llega a golpear
el oído del espectador. AUSENCIAS. Dos ausencias se notan demasiado en la exposición. El sentido
polifacético de la obra de Tadensz Kantor con sus experiencias que
van del Happening a la informática o al arte conceptual, o Roman
Opalka en su intento de agotar la experiencia personal posible en
arte, que le ha llevado a pintar blanco sobre blanco y desde allí a
las series de números pintando números en sus cuadros de tal forma
que empieza un cuadro en el 1357 si el anterior terminó con el 1356,
pretendiendo hacer llegar a la pintura a una serie con tendencia a
infinito. También faltan los conceptuales que tratan de desarrollar
nuevos campos, ya sea con el planteamiento de temas nuevos
(Jurkiewicz estudiando los telescopios y constelaciones) o el
abandono del mundo plástico convencional como Leszek Sobotski que en
la actualidad se dedica a escribir. Esta lista de ausencias (capaz de
equivocar al mejor linotipista español) incluye a pintores tan
personales en su obra como Kaminsky Wodeck, uno de los pintores más
interesantes de la actual generación, y a los Dzieduszycki,
Chwzlczyk, Berenianski o Maria Michalowska. INTERES. Además del lógico interés de la panorámica de conjunto, es este
caso hace aumentar nuestro interés una fundamental coincidencia
emotiva. Hay una extraña sensación de familiaridad, de coincidencia
entre nuestro sentimiento colectivo y lo aquí presentado. La
tradicionalmente comentada afinidad común a los pueblos español y
polaco es el espíritu oculto y presente de esta primicia.
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