Fray Angélico. "La Anunciación"
La escasez de primitivos italianos en nuestra pinacoteca y la excelsitud de este cuadro obliga a suscribir sin reservas una de las atrevidas opiniones de D'Ors: "El amigo se contentará, pues, con una estación ante la tabla de 'La Anunciación' del Beato Angélico. Prolónguela, la estación, tanto como pueda".

Si otros cuadros han recibido nombres muy diversos a lo largo del devenir histórico, en este caso es el pintor quien varió de nombre al entrar en religión y, a su vez, la historia le dio un tercer apodo.

Guido di Pietro da Mugello tomó voluntariamente el apelativo de Fray Giovanni da Fiésole al profesar como lego en el convento dominico tomando su apellido del lugar de profesión –Fiésole–, y pinto esta prodigiosa "Anunciación" para el convento de Santo Domingo de su ciudad. La necesidad de arreglar el campanario obligó a desprenderse de la tabla a los monjes, lo cual permitió a Mario Farnese adquirirlo para el duque de Lerma, pasando al convento de las Descalzas Reales donde, en 1861, lo descubrió Madrazo, director de la pinacoteca a la sazón y artífice de su ingreso en El Prado a cambio de otra Anunciación pintada por él para el claustro.

Y luego la historia le apodó Fray Angélico y aún Beato por haber logrado lo que en su vida se propusiera: representar en imágenes lo que el Doctor Angélico –Santo Tomás de Aquino– definiera como verdades en su "Summa Teologica". Ninguna explicación técnica bastaría para aclarar al visitante tanta luminosidad, tanta verdad interior como la pintura muestra sin dificultad al espectador. Acaso convenga comparar su "Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal" con el Bosco en "El Jardín de las Delicias". Árbol inventado, distinto, único y diferente a toda otra flora vertida desde el natural.


Museo del Prado. Una visita enamorada
Juan Gómez Soubrier
IMÁGENES
Fray Angélico
La Anunciación
Cortesía Museo del Prado
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