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* Notas acerca de la etimología de MUS recogidas en "Cómo dárselas de experto en Mus", escrito por Juan Gómez Soubrier y publicado por Editorial Mondadori en 1988
De la palabra mus y su variada prosapia Volvemos otra vez a las andadas en cuanto a la etimología de la palabra MUS, de origen vasco según la Academia de la Lengua Española y cuya naturaleza eusquera niega el mismo Julio de Urquijo en la Enciclopedia Vasca de 1917, postura que también ha sostenido nada menos que el eminente vascófilo Resurrección María de Azcue.
Ni el Tesoro de la Lengua Castellana de Covarrubias de 1611, ni el Diccionario de Autoridades de la Academia de 1732 recogen el vocablo y la primera referencia que conocemos la hace el jesuita – curiosa coincidencia clerecial – Manuel de Larramendi en 1756 al publicar su obra Corografía de Guipúzcoa. En esta antigua descripción afirma el jesuita que "el juego del MUS es tan antiguo en Guipúzcoa como los mismos naipes."
José Maria de Iribarren supone que el jesuita Larramendi atribuye este origen como derivados de las voces eusqueras musu-labio-mustur – morro u hocico – con lo que entramos en el tradicional baile de etimologías.
El maestro corominas "Si hablamos de la etimología de cualquier palabra usada en la lengua castellana, moriremos en el maestro Corominas", suele repetir un viejo amigo cuando caemos en la eterna discusión de las palabras.
Dice Joan Corominas que la palabra MUS proviene del vasco MUS o MUX y éste del francés mouche, probablemente mosca, señalando que la academia francesa ya fue señalada por Schuchardt nada menos que en la Beihefte Zur Zeitschrift Für Philologie, Halle en la primera década del siglo XX. También allí el ilustre investigador de la lengua eusquera afirma que se juega en las montañas bávaras. No gana uno para sustos al acercarse a los sesudos investigadores. El Diccionario de la Academia lo incluyó por primera vez en su novena edición – 1843– y al autor le es grato imaginar – para no dejar que la fábula sea el patrimonio exclusivo de los eruditos académicos. Que fue su tatarabuelo Musso y Valiente quien lo incluyera. Podemos leer allí: Juego de naipes que se usa en algunas provincias. La Academia no se metió en belenes y se limitó a dar cabida a la palabreja sin atreverse a bautizarla. Posteriormente incluiría las palabras Órdago y Amarraco.
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