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* Entrevista a Juan Gómez Soubrier por el periodista Ángel Montiel, y publicada en La Opinión de Murcia
Es un grandullón, casi mastodóntico personaje, perteneciente a la estirpe de los vitriólicos, que, provisto de una bífida flamígera, tiene como función en la ley de compensaciones de la naturaleza, la de no dejar títere con cabeza. Sin embargo, por debajo de sus máximas extremas y venenosos enunciados, esconde un alma de Dios tan tierna como un edredón de plumón. He aquí a uno de esos tipos a quienes rejuvenece el paso de los años, eterno "enfant terrible", enganchado a la provocación dialéctica como al más sublime de los barbitúricos, y siempre dispuesto a denunciar cualquier atisbo de gilipollez ambiente. Murcianista de alto standing – no confundir con la derivación de alpargata y pandereta –, reside en Madrid desde hace la intemerata de años, pero los idus primaverales suelen arrastrarle hasta su tierra en busca de emociones fuertes, como las que se viven encaramándose a los varales de las carrozas en el Entierro de la Sardina . ¡Ah!, y de tan polifacético que es, no se sabe bien lo que hace. - Un murciano en el exilio me parece a mí que es usted.... - Formó parte de la diáspora murciana, aunque hay que puntualizar que más que murciano soy del barrio del Carmen. Es muy importante ver las cosas desde el otro lado del río. - ¿Cuáles son sus peregrinaciones murcianas? - Dos a fecha fija: El Viernes Santo y el Entierro de la Sardina. Y luego, alguna otra impuesta por el síndrome de carencia de los dos mares murcianos. - Presume de ser el inventor de la muestra de arte Contarparada... - Lo soy desde la idea hasta el propio nombre, y muy especialmente por la invitación en la primera edición, que dirigí yo, a una serie de personajes del mundo artístico que después no ha sido posible reunir. Creo que Contraparada sigue llena de buenas intenciones, que es de lo que está empedrado el infierno. - Una de sus seis letanías habituales es la de la cocina murciana... - Es una de las cocinas más variadas, extensas y profundas que existen. En realidad hay tres cocinas en esta tierra: la costa, la huerta y el campo. Pero también es una de las cocinas menos investigadas y difundidas fuera de cada uno de los lugares donde se hace cada plato. La cara que te pueden poner en un restaurante de Archena si pides un Caldero sólo es comparable a la que puedas ver en Lo Pagán si pides Arroz con habichuelas. - ¿Qué me dice de la pastelería? - La mitad de la cocina murciana está en la pastelería, aunque en los últimos tiempos se han perdido joyas como las rosquillas de consejo de la Confitería Ros, o los exquisitos crespillos de San Pedro del Pinatar, aunque aún quedan en Cartagena y Lorca. Aún me preguntan muchos murcianos residentes en Madrid que cómo no les llevo pastillas de café con leche. Sin embargo, este año ha resurgido la costumbre de hacer caramelos con verso, como los de la peña del Almudí. - Lo que no se pierde usted es un solo Entierro de la Sardina....... - Es una fiesta única, aunque su propio "boom" puede cargársela. Lo de pasarse toda la semana tocando el pito, y convertir la plaza de toros en una copia mala de los sanfermines, no es de recibo. Disfrazarse de tragabocatas y zampabollos, y estar toda la semana haciendo el indio, puede desplazar a los sardineros más antiguos. Por otro lado, hay que replantearse la belleza de las carrozas, que hoy son solo fortalezas. Habría que recordar a Conte, que en un viejo garage llevó el cartón a su máximo esplendor. - Sigue cultivando su imagen de "enfant terrible"..... - El tao del amor – y los chinos son muy sabios – dicen que un hombre tiene la edad de la mujer a la que ama; se puede generalizar diciendo que uno tiene la edad de las cosas que le interesan. - Viperino si que lo es... - Hay algo que no te perdona el mundillo social, y por extensión el político, y es que digas en voz alta lo que todo el mundo está pensando. No sé si no se perdona el que lo digas tú o el que ellos no se atrevan a decirlo. Es el precio de ser libre en un mundo en el que, el que más, solo aspira a ser independiente y aun ni a eso.
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