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Artículo de Juan Gómez Soubrier,crítico de arte.
Revista Opinion 1977 Gordillo, en Barcelona, se lanza a
los circuitos de los consagrados.
La presentación de Luis Gordillo, con
más de cincuenta cuadros y trescientos dibujos en la galería
–Catedral– Maeght inicia fuerte la temporada en Barcelona. Y
concluye un importante ciclo desde que Gordillo empieza en su Sevilla
natal hace más de diez años, en la galería Juana Aizpuru, y tiene
un éxito en “el mundillo”, no acompañado del de venta. Comienza a mitificarse, a tener una
aureola de pintor maldito, a tener seguidores, a crear escuela antes
de ser conocido del público. Alcolea, Franco, Cobo, Pérez Villalta
le proclaman maestro. J.A. Aguirre lo incluye en la Nueva
generación con Barbadillo, Iturralde, Ejido, Julio Plaza, Elena
Asins, Alexanco, Teixidor. Y Luis Gordillo entra en crisis, se
psicoanaliza a lo largo de varios años. Sus amigos observan un
cambio positivo en su obra y en su vida. Después de años sin poder
pintar vuelve a ello con calmada furia. Había expuesto, sin vender,
en Edurne, cuando exponían los desparecidos Alberto Greco y
Millares, “el brujo” José Hernández, etcétera. También con gran éxito de crítica y
poco de operaciones expuso la primera individual que celebró
Vandrés, a pesar de lo cual su director, Fernando Vijande, lo
contrató como el primer artista que tenía la galería. Lo tiene
hasta hoy, que se rumorea su posible paso definitivo a la Maeght,
previo acuerdo con Vandrés. Esta galería internacional juega fuerte
con sus valores españoles desde siempre. Miró y Chillida, Tàpies y
Palazuelo o Raba forman con Calder o su último valor, Adamí, el
fuerte de su negocio. Los críticos y los profesionales
coincidían el día de la inauguración. El edificio de Maeght en
Barcelona, maravilla para el visitante de la calle Moncada, es una
prueba difícil para el artista. Su arquitectura gótica puede
minimizar la obra de cualquier pintor, y su tamaño hace que muy
pocos artistas puedan llenarlo, y menos con una cierta dignidad. Mientras se comentaba la dorada que la
noche anterior se había cocinado Rafael Bartolozzi, o cuando Pablo
Palazuelo explicaba la dificultad de crear obras aparentemente
“fáciles”, se respiraba ese aroma de los grandes días. Es raro
que un pintor famoso prologue un catálogo. Palazuelo lo hace bajo el
título En el camino de Gordillo, que recuerda la exposición
de Miró: Un camí compartit. Evidentemente, Gordillo ya es un
pintor lanzado al circuito internacional y en su propio camino, con
especial agrado de un grupo de amigos, que ha creído en él con una
fe no demasiado común.
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