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Artículo de Juan Gómez Soubrier, crítico de arte. Periodico El Mundo 18/7/91
La desaparición del pintor norteamericano Robert Motherwell representa para España la pérdida del artista que más atención ha dedicado a la Guerra Civil, hasta poderse hablar de auténtica obsesión por un país que no conoció hasta su madurez, cuando había realizado su importante y extensa obra sobre la contienda española.
Motherwell tenía veintiún años cuando llegó a París desde aquella California -la vieja reina amada por Amadís de Gaula- en la que pasara su adolescencia y conoció la guerra española desde los calientes cafés de Saint-Germain. Con sus propias palabras: "Entonces tenía veintiún años y no pertenecía a ningún partido político, pero la Guerra Civil fue todo un símbolo para mí generación a la que vimos como un preludio dramático de la Segunda Guerra Mundial.
Este americano cuyo apellido lleva el eco de la más profunda Escocia católica y miera nació el 24 de enero de 1915 en el Estado de Washington y recibió una educación que Calvo Serraller calificó en su día de "sofisticada formación humanística, en la que llegó a titularse en Filosofía por la prestigiosa Universidad de Stanford.
Si su primera exposición monográfica se celebró en París el año 1939 con los temas españoles ya en su pincel, fue su residencia en Nueva York desde 1940 la que le convertiría en el padre de la llamada "Escuela de Nueva York", cuyo estilo comúnmente calificado como "expresionismo abstracto", constituye una de las referencias y polémicas básicas de la pintura contemporánea.
Su interés por los temas españoles nace -según me contara en Bruselas en 1977 con motivo de una exposición sobre los temas de las Pequeñas prisiones españolas y sus Elegías a la República española- de la lectura de la obra de García Lorca y tan sólo después del contacto con los intelectuales republicanos en París y posteriormente en aquella Nueva York que acogiera a los más ilustres exiliados de la Segunda Guerra Mundial de Breton a Max Ernst.
En aquel verano de la transición de 1977, los temas de España campearon por Europa más que en nuestro país y la exposición de Bruselas de Motherwell fue acompañada de la exhibición de la celebración del Gran Auto de Fe de Toledo, cuadro en el que Lebisse resucitaba los viejos fantasmas bosquianos como una pantalla ante los miedos que recorrían Europa ante la transición española. No hizo falta ni siquiera remover los trapos de la Cueva del sordo que expusiera Vostell en la Documenta de aquel mismo año para que el desaparecido Santiago Amón comentara en Kassel: "Motherwell es el pinto que mejor ha conocido España sin haberla visitado jamás".
Solamente tres años después, en 1980, al inicio de la sesentena, el pintor americano visitaría Madrid cono motivo de la exposición que se celebrara en la Fundación Juan March. Si el mejor pintor del siglo XX fue, para Motherwell, Matisse y a Miró lo calificó como "el mejor de los que todavía viven", en 1980 su opinión sobre Picasso fue contundente: "El mayor artista del siglo XX". Cualidad que le atribuyó tras haberle llamado pintor a secas. Algo así como si a usted le preguntan quién es Velázquez después de haber afirmado que el mejor pintor de la historia ha sido Goya, quizá no sepa otra respuesta que decir: "Velázquez no es un pintor, Velázquez es la pintura."
Fue el Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías de García Lorca el que inspirara sus primeros temas acerca de la tragedia española, como señalara acertadamente el crítico Ángel González: "La letanía del "Llanto", que la inspiró, encuentra allí su réplica "autotemática" -en el sentido surrealista del témino- su valor de "planctus" rítmico y doloroso. R. Hobbs ha intentado desentrañar laboriosamente los devaneos "asociativos" de Motherwell con el poema de García Lorca, apuntando nexos muy ingeniosos, pero ese otro de ruidos y silencios me parece que le atañe más directamente a un pintor tan cuidadoso de la estructura lógica y coherente".
Fue la pintura de Motherwell un ejercicio de rigor, como es lógico en uno de los pocos pintores con formación humanística completa que ha conocido el siglo XX y al tiempo de los que usaron sus pinceles como un "arma cargada de futuro" cual si de la poesía de Celaya se tratase. Tan lejos del "realismo socialista" como del tono localista de sus antecesores inmediatos, su pintura quedará como ejemplo de la defensa de una manera de pensar sin exponerla en fáciles panfletos ni apoyarse en los tópicos de la imagen obvia. Actuó -digámoslo en palabras de Cervantes- "En alto, en raro, en grave y en peregrino".
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