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Artículo
de Juan Gómez Soubrier Hola
.com/11-2-2002
Este
año se cumple un siglo desde la publicación del libro "Cocina
de Cuaresna"editado por "ALTA FULLA"en Barcelona.Con
sus trescientas recetas tiene la particularidad de ocuparse no
solamente de los días de ayuno y abstinencia, sino de todos y cada
uno de los noventa y dos menús necesarios para completar un
itinerario culinario a lo largo de todo el periodo.
En
la primera década del siglo pasado fueron numerosas las obras
dedicadas a esta cocina adaptada a los preceptos de la Iglesia
Católica, que se publican con la debida aprobación de la jeraquía
eclesiástica.La "Cocina práctica de Cuaresma" de P.L.
Lassus,(1904), la "Cocina de Cuaresma," selecta colección
de recetas sencillas, prácticas y económicas, completadas con un
apéndice dedicado
a los preceptos de la Iglesia de J.San Luis (1908) dieron paso a la
obra fundamental en este campo de Ignasi Doménech, el gran escritor
catalán de
obras de cocina y coctelería que, en esa oportunidad, llamó a
colaborar a su lado a F.Martí. Se publicó por primera vez en 1914 y
ha sido reeditada al menos hasta 1982. Dolors
Llopart, al prologar esta reedición divide la cocina de Cuaresma de
Doménech en cuatro apartados:los potajes que por sus cantidades
parecen dedicados a introducir variedad en las dietas de comunidades
religiosas, en segundo lugar trata de las comidas de ayuno y
colación, y comprende recetas sencillas y aromatizadas,el tercer
apartado estaría dedicado a comidas y cenas de vigilia,
introduciendose en el campo de una cocina más elaborada y una última
parte dedicada a las salsas y otros platos provenientes de la cocina
popular.
Si
hay que destacar un producto en la cocina propia de estas fechas no
ha de ser otro que el bacalao, ese pez, casi fósil sobre el que se
sustenta una gran parte de la historia culinaria de la Península.
El
humilde abadejo-qure, así se llamaba el pez antiguamente admite tal
cantidad de recetas que los libros especializados contienen más de
un centenar de variantes. Del bacalao al pil-pil, al catalán bacalao
"a la llauna" hay que destacar un par de platos que han
predominado a lo largo de la história: El arroz de Cuaresma y el
Potage de vigilia , ambos en torno al famoso pez que se iban a buscar
una vez al año nuestros más arriegados pescadores a los lejanos y
peligrosos mares del Norte , precisamente para cumplir con los
preceptos cuaresmales. El arroz de Cuaresma es un Arroz caldoso, o
más bien meloso, con bacalao y coliflor que se extiende, a lo largo
de las costas mediterráneas, mientras que en el interior siempre a
predominado el potage de garbanzos con acelgas -o espinacas- y
bacalao que, a veces, se acompaña de una picada de huevos duros,
perejil y almendra. Son sin duda, las joyas históricas de una cocina
que , aún hoy, regresa con sus sabores ancestrales a la memoria de
todo un pueblo.
Una
vez concluidos los excesos que pueden permitirse con ocasión del
"jueves lardero", que aún se celebra en diversas partes de
España,en Cataluña por ejemplo, con una merienda especial en la que
destaca la butifarra con huevo. No hay que olvidar que lardero
significa "grasiento" y su celebración es un ritual de
despedida de los untos , tocinos y grasas de los que se deberá estar
privado durante la Cuaresma. En muchos lugares todavía se hace una
comida con especial énfasis carnivoro, el mártes de Carnaval,
último día anterior al Miércoles de ceniza.
Hay
una curiosa peculiaridad dentro de la Cuaresma. Se trata de la
celebración del primer domingo, llamado "de piñata",
fiesta originaria de Italia y extendida tanto a uno y otro lado del
Atlántico por los hispanohablantes que consiste en romper una olla
de barro rellena de dulces y golosinas y colgada en lo alto, de tal
manera que no será fácil romperla con los ojos vendados, como exige
el juego. Este año, además, se dá la circunstancia de que, por lo
adelantada que se presenta, el Día de San valentín, fiesta de los
enamorados, se celebra el primer jueves de Cuaresma, por lo que habrá
menús especiales como pizzas en forma de corazón y postres de
chocolate y menta. Y podremos brindar con un vino de San Valentín,
una especie de reliquia que tuvo su auge en los sesenta y hoy buscan
algunos nostálgicos. Y aunque hoy no gustan, en general, vinos tan
dulces, fueron una buena iniciación a paladares que hoy son expertos
y exigentes.
San
Valentín y Doña Cuaresma conviviran este año con gastronomías
diversas y siempre reaparecidas en nuestra memoria culinaria.
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