La palabra Limón aparece usada por primera vez en el Dioscórides de Andrés Laguna en un capítulo que llama "Las manzanas Médicas"y que comprenden las cidras, los limones, las limas, las toronjas y las naranjas.
Tengo la suerte de tener amigos que viven fuera de Madrid, incluso fuera de España y que cuidan mi curiosidad culinaria trayéndome productos o especialidades locales o simplemente cosas que se comen por esas tierras porque les parecen interesantes.
En esta ocasión me han traído de Líbano lo que yo creo que son un Poncil, dos Cidras y unos limones dulces y digo creo porque no es fácil rastrear estas variedades siguiendo su descripción en antiguos diccionarios y recetarios que dan cuenta de estos "limones" y que en muchos casos habiendo sido productos cotidianos en el sureste de España han dejado paso a variedades más resistentes o más comerciales que viene a ser lo mismo.
Por eso celébro estos regalos como tesoros de Alí Baba que me permiten mirar con los ojos de "la primera vez"y jugar a ver, con espíritu darwiniano su recorrido hasta nuestros dias y por último pensar en las distintas formas en las que puedo cocinarlos y festejarlos en definitiva.
Además la belleza de verlos encima de una mesa juntos -volumen, color y olor -durante unos días,fotografiarlos y por fin abrirlos y descubrir cómo son por dentro se convierte en una aventura que paso a relatar:
Las dos cidras tenían el mismo tamaño apróximadamente-como melones redondos-de 1,200 kg cada uno.El primero era de color amarillo y piel lisa, conocido allí con el nombre de Bumelat Baida (baida significa blanco) y la otra de color verdoso y piel granulada Bumelat Ahmar(ahmar significa rojo).
Al abrir encontré una corteza muy gruesa de unos dos centímetros de espesor.En realidad la piel es fina lo que le da ese espesor es una membrana blanca y esponjosa que permite meter los dedos y separla de la parte jugosa.
Recuerdo que de pequeña en las ferias ,en Alicante ,había cáscaras como esas en los puestos de cascaruja, así crudas,como gajos de piel a las que era muy aficionada (tambien a las de coco).
Por dentro la cidra amarilla tiene la carne rosa haciendo un dibujo iregular.Está formada de vejigas carnosas llenas de un jugo alimonado , no ácido , fresco y al final ligeramente amargo y no sabe a pomelo aunque pueda recordar el color.
La cidra verdosa tiene una carne de color blanquecino, es más dulce , sin dejar de ser punzante y sus vejigas son como hebras al ser más carnosas.
En ambos casos son muy agradables de comerlas tal cual y me contó Javier que en Líbano se las comen en ensalada o simplemente peladas y a la boca.Mientras me contaba esto en la mesa de un cafetín donde extendimos el tesoro, se acercaron curiosos a preguntar de dónde eran porque en Japón dijo una chica tenemos algo parecido...
Yo he recogido todas esas hebras que salían fácilmente de la piel blanca y una parte las he guardado en pequeñas porciones en el congelador para usarlas como aliño crujiente en un cebiche, en una ensalada , encima de una ostra o en una margarita con sorpresa y con otra parte he cocinado un almíbar con algo de azafrán y les he dado un hervor en él y así las cómo en el desayuno sobre una tostada o acompañando un queso de cabra o bañando un pastel de chocolate, un Tocino de cielo...
Y con las gruesas pieles una vez hervidas las he puesto a confitar en un almíbar con ligeros hervores de veinte minutos durante tres días hasta conseguir que se vuelvan translúcidas en hermosos gajos tan grandes como el fruto según lo cuenta Doña Pilar Zarandona y Sandoval en su recetario manuscrito -con una primorosa caligrafía- hacia 1880 y que Juan Gómez Soubrier atesoró de su antepasada.
Les sigue en tamaño el poncil que es un fruto de piel tan gruesa como nuestras cidras y tambien más agrio,y jugoso al no tener esas vejigas tan marcadas, además de ser más redondo y de un tamaño más pequeño que las cidras, vendrán a pesar unos 600 gramos.Este último fué comprado a las monjitas ortodoxas de un convento de Líbano que vendían los productos de su jardín y huerta.
Los limones dulces son del tamaño de los nuestros pero con la piel muy fina, lisa y amarilla ,con mucho jugo , casi dulces y su olor me recordó a algún lavavajillas- que no por eso me estropeó su disfrute, aunque fué curioso,a veces los aceites esenciales juegan malas pasadas-.Con ellos y sus gajos combiné ensaladas con hojas verdes, con pepinosy huevas de trucha, con cebolla cruda,con otras frutas...
Por ultimo les contaré que todo esto empezó porque estas navidades cociné una docena de pequeños limones de mi pequeño limonero en maceta, del tamaño de huevos de paloma de color amarillo y piel fina, ácidos como lo que eran,que no por ser pequeños tenian menos cualidades que sus hermanos mayores y que estaban diciendo ¡comeme! antes de que venga el frío y así lo hice . Los comimos con la familia de Javier acompañando a un helado de piñones . El dulzor del almíbar, la acidez neutralizada y el ligero amargor de su piel los hizo inolvidables.Metáfora mediterránea o cocina Kaiseki para otros.
Y descubro que para Miguel Hernandez fueron una seña de identidad
como recoge en su libro "Garbera de recetas Hernandianas", Jaime Ruiz Reig de su paisano.Ahi les dejo un limón
Oh limón amarillo,
patría de mi calentura.
Si te suelto
en el aire,
oh limón
amarillo
me darás
un relámpago
en resumen