La perla negra
Viernes, 7 de Abril de 2017

Saben, si le dijeran a Josephine Baker que Los Estados Unidos de America está despidiendo al primer presidente negro en sus últimos días de mandato y que la primera dama, Michelle Obama, se mueve como pez, con su misma piel, en el océano proceloso de los poderes terrenales, volvería a bailar con frenesí aquella “Danza Salvage” a ritmo de charlestón con su faldita de plátanos y nada más...salvo una perlas grises, como en 1920 en París.

 

Pues la “Perla negra”,”La venus de bronze” o “La diosa criolla” como quieran ustedes, estuvo por los madriles en el año 1964 actuando en una sala de fiestas de entonces muy prestigiosa llamada La Parrilla Pavillon, más conocida hoy como -Casa de Vacas-si, si, en medio el Parque del Retiro, un recinto construido en 1874 y concebido como vaquería, como despacho de leche.

 

Aunque en aquellos años ella era ya más bien talludita, se la recibió con todos los honores y una Gran cena de Gala con un menú que costó 400 pesetas de entonces.(Incluido impuesto, reza en el menú de mi colección). El Menú estaba distribuido en cuatro partes de manera que se podía elegir un plato de cada uno de los apartados.

 

Entre las opciones de primero encontramos: Consomé de Ave, Gazpacho, Crema de Ave o Crema Crevis. De entre ellas llama la atención el Gazpacho que empezaba a considerarse como una de las grandes sopas frias y salir así del ámbito andaluz, por otra parte la crema de Crevis, una crema de gambas-crevettes- de influencia francesa, el consomé de ave y la crema de la misma que contentaba a todo el mundo sin comprometerse.

 

La segunda parte estaba constituida por los pescados, también a elegir entre unos filetes de lenguado Murat, lubina fría Parisien, Langostinos o Rodaballo Parrilla. Los filetes de lenguado Murat se deben al hijo del Joaquim Murat, Mariscal de Napoleón y Rey de Nápoles, nacido en 1854, de nombre Joseph, con fama de buen gourmet.

 

Cuenta la leyenda que una noche, llegando a Maxim's a deshoras, improvisaron este plato con los últimos restos, consistentes en los unos lomos de lenguado fileteados, con patatas, alcachofas y regados con una salsa de mantequilla, de esta manera quedó bautizado el plato para mayor gloria de la Belle Epoque.

 

La lubina fría me la imagino napada de una velouté, osea, una bechamel hecha con un caldito de pescado con la que se recubren los lomos sin espinas, del lobo de mar; los langostinos, supongo que cocidos, muy apropiados para espíritus prudentes y un rodaballo a la parrilla que suena muy bien.

 

El apartado de las carnes estuvo formado por el consabido pollo, eso sí, a la inglesa porque es una manera de cocinarlo muy” brexit”, que me voy, que parece que me he ido, en medio de la fiesta; una pechuga de capón “Cacerola”; un “Chop” de ternera primaveral, osea, con un jardín de verduritas y un solomillo” Bouquetier” aromático y florido. De postre fresón, tartas, helado, macedonia y queso del País; los vinos no se especifican y café por la gloria de mi madre que decía un personaje de Mingote. Podríamos decir que no todo tiempo pasado fue mejor, que el nombre de los platos son palabras que no se las lleva el mar y quedan como testigos de aquellos que fuimos y espejo donde mirarnos ayer y hoy.

 

Por cierto Josephine Baker, fue la primera mujer americana en recibir honores militares en sus funerales, celebrados en Francia, aunque su tumba se encuentre en Mónaco.

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Desembarcado en Belén
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