Menú para después de un bombardeo
Viernes, 7 de Abril de 2017

Con motivo de la celebración de los 25 años de la llegada del “Guernica” al museo Reina Sofía y los ochenta de su creación, un aluvión de datos, información y documentos entorno al encargo a Picasso, por parte del Gobierno de la República, en plena guerra civil, abren esa caja de pandora que siempre acompañó al último exiliado español hasta su llegada en 1981 en un avión de Iberia procedente de Nueva York .

 

Su presentación oficial fue el 24 de octubre y llegó al Casón del Buen Retiro con todos los honores, recuerdo colas para poder verlo, yo era estudiante de Bellas Artes, me impresionó su tamaño y el peso de estar delante de un icono del siglo XX que daba validez a nuestra incipiente pero real democracia.

 

Años más tarde, una mañana de domingo, buscando en el rastro libros viejos de gastronomía, revistas y papeles raros, encontré entre las carpetas de uno de los vendedores a los que solía acudir, porque me guardaba cosas referidas al comer, con este menú del que lo primero que me llamó la atención fue el sello de la Legión Cóndor, de bruces, en la portada de lo que era un díptico en buen papel y más abajo la inscripción, San Sebastián 7 de agosto de 1937.

 

Dentro, un menú de cocina Internacional propia del hotel donde tuvo lugar la comida, el Hotel María Cristina en San Sebastián, que empezaba con: un surtido de canapes seguía con un castizo Jamón de Montanchez, huevos escalfados al Oporto, Langosta Fría Bella Vista, salsa Mayonesa, Pollo Parrilla a la Americana, Ensalada Mimosa, unas afrancesadas peras Bella Elena, golosinas, cesta de frutas, café y licores.

 

El capítulo de la bodega destaca por una selección de vinos, que figuran con añada, en especial un amontillado muy viejo de 1876, sesenta y un años, un blanco Diamante de 1926, y un tinto Marqués de Riscal de 1924.

 

Ya en casa, con el botín en las manos, comprobé la fecha del bombardeo de Guernica a cargo de la aviación alemana por la Legión Cóndor y estupefacta leí la fecha, 26 de abril de 1937. El 1 de mayo, día del trabajo, hubo una manifestación en París en favor de las victimas del bombardeo y dicen que Picasso, que hasta ese momento había estado remoloneando con mal de amores, enfureció y en 33 días se pintó este inmenso grito-mural. El 4 de junio se instaló en el pabellón español de París...

 

Como dice mi amigo Paco, “las mesas del poder” siempre tienen buen diente y si fueron estos u otros, lo que sí sabemos es que tres meses más tarde seguían por allí... y celebrándolo.

 

El menú forma parte de mi colección de menús publicados en “Memoria Gráfica del Paladar”. Editorial Trea. 2007

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