Liturgia de ”La Mesa”
Viernes, 7 de Abril de 2017

En Semana Santa, entre los pasos procesionales, que cuentan la vida de Jesús de Nazaret, existen diferentes maneras de expresar aquellos últimos momentos según las escuelas a las que pertenezcan los artistas imagineros que las alumbraron, renacentistas o barrocos, y que las llevaron a su máxima expresión.

 

Todos guardamos en el inconsciente la representación de muchas de estas escenas pero quizás una de las más fuertes iconografías sea la “mesa” en la que Jesús se despidió de los discípulos, es decir aquella “ última cena”.

 

En España nos encontramos fundamentalmente dos representaciones de esta “mesa. ”Una sería, según los cánones de la austeridad castellana, la vestida con un mantel blanco, un pan y un cáliz, como la encontramos en la pintura de Juan de Juanes (1562, Museo del Prado). La otra sería la mesa barroca y suntuaria cuya máxima expresión la encontramos en el “Paso de la Cena” encargada al escultor Francisco Salzillo en 1763 y uno de los nueve pasos de la procesión más conocida como ‘Los Salzillos’ en la ciudad Murciana.

 

Esta es la única representación en la que la ‘mesa’ se viste con viandas reales, sobre una excepcional vajilla de plata, barroca en su mayoría, con alguna excepción renacentista como una fuente de plata y cabusones de esmalte, firmadas por los dos plateros Martinez, uno madrileño y el otro cordobés.

 

Sobre una bandeja de plata destaca como plato principal el cordero, que se envía a asar al mismo restaurante desde hace muchos años, con la particularidad de que se han de mantener el rabito y la cabeza, para volver a ponérselas después de asado resaltando la noble presentación como se hacía en el siglo XVIII. Se puede ver expuesto antes del montaje del paso.

 

En otra bandeja se colocan tres hermosas ‘pescadas’ hervidas y adornadas, otro de los platos cocinados importantes. En una tercera se acomodan hermosos racimos de uvas blancas y negras. Algo no tan fácil de encontrar en otras épocas -no maduran hasta septiembre- y que hasta hace no más de cincuenta años se guardaban de un año para otro en barriles protegidas con paja o serrín. Las uvas, de una variedad que se encontraba en Almería conocida como ‘uva de roca’ que tenía la piel más gruesa, se exportaban así a Inglaterra.

 

 

 

En las cuentas sobre esta ”Composición” del Paso de La Cena, no solo de la uva se especificaba su procedencia sino que también se mencionaba el origen de los melones que venían de Guardamar y de La Alberca, de la variedad Tendral. Melones de piel verde oscuro bastante gruesa, que se dejaban colgados de cuerdas en los almacenes o bodegas con el fin de que el aire pasara entre ellos y alargar su tiempo de maduración.

 

Los ‘peros y pomas’ de Cehegín o Bullas,las fresitas silvestres que se traían de las zonas más frías como Caravaca o Moratalla en unos cestillos de caña que todavía he llegado yo a ver con forma de cono, estrechos por abajo. También aceitunas negras, higos de pala, varias frutas, limones, miel para ‘rellenar el panal’, lechugas, sandías, rollitos de anís e incluso una piña que se incorporó hace mas de cien años como regalo exótico, tal y como lo recoge Juan Gómez Soubrier, del archivo Zarandona, en articulo publicado en la Revista Archigula en julio de 1999.

 

Es curioso comprobar como desde 1875 que se anotaban los precios de todos estos artículos podemos discernir cuando las heladas fueron más dañinas así como el numero de familias implicadas en que no falte ni un detalle.

 

La emoción y los nervios de esa noche, las flores, las velas, las viandas, los cientos de detalles que asumen las familias cómplices desde hace generaciones y que vuelven a encontrarse como cada año sin necesidad de avisarse. Los carpinteros que durante generaciones se han encargado de abrochar, por abajo, todas estas bandejas, además de cuatros candelabros, servilleteros y platos, para que con el balanceo nada se mueva de su lugar, vuelven aún no viviendo ya en la ciudad.

 

Mayordomos vestidos con la elegancia imperante en el siglo XVIII y ‘estantes’, que así es como se llaman en esta tierra a los portadores de los ‘pasos’. Todos, a cara descubierta con sus ‘capuzones’ romos en la punta y de color morado, como quedó fijado desde tiempo inmemorial, esperan ansiosos el primer rayo de sol sobre la puerta de la Iglesia de Jesús, que con con un sordo redoblar de tambores dará comienzo a un luminoso recorrido la mañana de viernes santo.

 

Y una pregunta que siempre se hacen los forasteros ¿Y quien se comen luego todo eso? Ya me contaran...

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