Carta a una rodilla de verano
* Artículo de Juan Gómez Soubrier, publicado en el Mirador de los Mirones –revista Hombre de Hoy (1986)–, bajo el pseudónimo de Juan de la Cossilla

Todos los días tomaba café donde las jóvenes de polisón en ristre mostraban, al subir al trole, el empeine del botín.

Adorable rodilla:

Nunca jamás y amén de los enjamases será posible borrar de mi recuerdo la hora mágica del atardecer de verano en la que tuve la suerte de descubrirte bajo la incipiente falda de leve tela azul.

Regresé hastiado de la tragicómica visión de las derrumbadas carnes que ofrecían a mis ojos las tristes playas del despelote amontonado. Y en aquel instante apareció tu perfecta elipse de fresca carne juguetona, que estuve contemplando hasta que la luna palideció al contemplar tu tersa superficie enamorable.

Aquel prestigioso médico local, que fue mi abuelo, regresó a mi memoria en la increíble y tierna escena que tantas veces me relatara. Todos los días iba a tomar café a una terraza, frontera a la parada del tranvía, donde las jóvenes de polisón en ristre mostraban, al subirse al trole, el empeine del botín. Una cuidadosa operación imaginativa permitió a mi antecesor imaginar la rotundidad de aquel desnudo, integral y soñado, a través del único claro del zapatín acharolado.

Tan lejos de aquellos tiempos, duros como del avasallante vaquero agrícola-urbanita o de la otrora arrasadora minifalda mariquantera, tu rodilla emergente oscureció el resplandeciente ocaso.

El término máximo, prometedor y tenue de tu rodilla incierta traía a mi mente recuerdos inenarrables: aquella película que te llevaba en el título –«Les Genoux de Claire»–, el cálido mármol de las estatuas clásicas –sólo son fríos los mármoles feos o las rodillas de oro y miel de las muñecas de cera, que un día me regalara una condesita en ciernes. Todo eran rodillas de sutiles morbideces. Todo eras tú.

Impúdica decencia
Así ocurrió el milagro temido: bajaste tu falda el escaso margen que tú sabías iba a dar de sí. Al instante, aquella falda, tú y yo lo sabíamos, volvería a subirse adonde poco antes estuviera. Julio Camba, degustador de toda perfecta redondez amorosa y gastronómica, nos había relatado la impudicia que se esconde tras todo acto de recato. Aquel gusto de honesta apariencia era un recordatorio exigente hacia mis ojos que, culpablemente, se habían alejado y olvidaron que tus piernas eran codiciables, sugerentes, amicales.

Las últimas suecas desnatadas regresaban de ofrecer al abrasador rayo de todos los soles sus cuerpos de langostino crudo, sus formas de marisco retorcido sobre la ardiente plancha, de un bar de pescaditos congelados e insulsos.

No llegué a ver tu otra rodilla. La imaginé igual, pero distinta. Ante tu curva infinita quise descubrir lo que harían en mi lugar los grandes hombres de la Historia: Julio César, Borgart, el Pequeño Príncipe, Margaret Thatcher…, sin lograrlo.

Ocurrió la tarde de las elecciones, cuando se acercaba la noche más corta del año. Ellos –los políticos– hablaron de rodillos compresores como si hubiesen renacido las tácticas de Rommel en las playas mediterráneas, pero yo no tenía ojos para los rodillos, sino para tu impar rodilla.

Dulce momento aquel en el que se iluminó la huella de tu rodilla sobre la arena prometedora y paradisíaca, suavísima. Y me descubrí. ¡Oh, dioses!, en trance de derramar sobre mis bermudas el redondo y tierno helado de turrón que lameteaba embelesado.

Me despedí de tu elipse inigualable sin darme cuenta clara de que tu rodilla era mi horizonte. Hoy, al reconocerlo, te busco entre las cosas y me pregunto ¿no sería tu rodilla la manzana de un prometido paraíso? Me temo que la tierra leve cubrirá mis cenizas sin resolver la esférica e infinita duda de tu redondez entrevista.

Siempre de rodillas ante la tuya. Siempre vuestro.
Información adicional
Desembarcado en Juan
Compartir
COMENTARIOS
No hay comentarios
Incluir los datos de la imagen de verificación. Su Email no será publicado
* Nombre  

Email  

Link  

* Asunto  

Comentario
   
* Requeridos      
RSS | © All rights reserved |
Powered by nexo5cwm