* Artículo de Juan Gómez Soubrier publicado en Cálamo - Revista Hispanoárabe, nº 10 - verano de 1986
A nadie puede extrañar que Murcia, patria del gran místico sufí Ibn'Arabi, haya conservado leyendas capaces de inspirar poemas tan importantes como el que el autor de don Juan Tenorio dedicó a exaltar las excelencias de la tierra y la mujer murcianas, atribuyendo a una de sus hijas la facultad de ser quien abriese a los fieles las puertas del paraíso. El poema, dentro del ciclo de leyendas que diversificara Zorrilla, destaca por su carácter lírico y la exaltación de las cualidades naturales que rodean a la feraz huerta murciana, hija de la industriosidad del pueblo árabe. No en vano las obras de irrigación de las tierras murcianas tienen raices tan profundas y sistemas tan importantes como el determinado por la presa de la Contraparada y el sistema anejo de acequias, azarbes y meranchos.
Advierte Zorrilla, como subtítulo del poema "De Murcia al cielo", que la leyenda esta contada por un poeta cristiano, lo que no le impide tratar el tema, en todo momento, con extraordinaria delicadeza. El poeta fue manipulado en su titulo, suprimiendo el original "De Murcia al cielo" por Federico Carlos Sáinz de Robles en la edición completa de las Leyendas realizada por la Editorial Aguilar quedando redactado de la siguiente manera: "En el cielo. La leyenda del rabí moro contada por el poeta cristiano". Quizá el madrileñismo a ultranza del recopilador y su deseo de que solamente Madrid hiciese suya la popular frase "De Madrid al cielo y, desde allí un agujerito para verlo" le incitaron a tergiversar el titulo.
La construcción del largo poema –consta de quinientos veinte versos- alterna los octosílabos con versos alejandrinos y los cuartetos con octavas, amén de permitirse libertades en cuanto a la rima o la musicalidad para lo que no duda en transformar algunos cuartetos a los que provee de tres versos alejandrinos –primero, segundo y cuarto– y uno quebrado de siete sílabas, el tercero, lo que, sin duda, añade musicalidad al recitado.
Comienza el poema con la descripción del universo a la llegada del invierno y la sorpresa nace al contemplar a Alá que un punto del orbe permanecía verde:
"Como hoy la rodeaba (a la tierra) de niebla y torbellino
atmósfera que enturbia su natural color
y aquel jirón tan verde, de brillo esmeraldino
y emblema de esperanza, primaveral verdor
en medio de las nieves, tal vez un desatino
a los de España indígenas le pareció al señor"
La incógnita se resuelve cuando vuelve al paraíso el arcángel Gabriel. Lo hace con retraso y se justifica:
–"¿Qué era lo verde?
–Murcia
–¿Por qué tardaste tanto?
–Porque olvidé las horas y mi misión allí.
–¿Pues qué hay allí?
–Otra gloria".
La tercera parte del poema, titulada “el poema de las flores” va precedida de una cita del Corán: “Para regalo del hombre en la tierra creó Alá estas cuatro cosas: las flores, los perfumes, los caballos y las mujeres”. Junto a la exaltación de la vegetación y las cualidades de la muchacha destaca prodigiosamente la figura del sabio musulmán que crió a la joven huérfana.
"Un viejo de su tribu, de origen damasceno
quien empleó ochenta años en estudiar y ver,
entre cristianos y árabes tendió como bueno
y sabio en cuanto pueden los afabes saber".
Los cuentos infantiles, la ciencia de las plantas, la fe y la poesía le fueron inculcadas por el anciano a aquella joven de excelsas cualidades hasta que "por la misma huella de la vejez, fue dócil marchando la niñez".
El poema concluye con la asunción de la joven a los cielos y el encargo de custodiar sus puertas que, por su culpa, estuvieron a punto de cerrarse para el ángel de Alá a causa del retraso originado por su belleza.
La popularidad del poema en su tiempo fue notoria en Murcia como lo demuestra el curioso grabado que acompaña estas líneas, Murcia, ciudad fundada por los árabes hace tan solo mil ciento cincuenta y cinco años y situada a dos leguas de la obra de irrigación más importante de la vega del Segura, también de construcción árabe, une con esta leyenda un sarmiento más con el hecho de haber sido la patria de Ibn’Arabí. Si la construcción del citado azud de Murcia tuvo lugar, según Norman A. F. Smith, en el reinado de Al Haken (961-976) el poeta sitúa la acción bajo el supuesto dominio de Abú-Kaisi.
La nostalgia que embargaba a Zorrilla, y que aún sigue oculta en la cultura murciana, se expresa en los últimos versos:
"Y hay cábilas y tribus de las de Murcia oriundas.
Hoy día vagabundas por Fez y por Tlemzén
Que creen que no es el ángel, sino la hurí murciana
Quien abrirá a sus almas las puertas del Edén".