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* Memoria del Paladar es una exposición itinerante que recoge una selección de los más de 3000 menús históricos y curiosos que ha atesorado Belén Laguía a lo largo de 30 años. La exposición ya ha sido vista en el Centro comercial Moda Shopping, en Madrid, y en la I Feria Agroalimentara de Talavera de la Reina, Toledo. Aquí se recoge un texto del periodista y Premio Nacional de Gastronomía Juan Manuel Bellver sobre la importancia de la colección, así como algunas imágenes de la exposición. Sobre la misma colección se ha editado un libro que recoge comentarios de Belén Laguía: "Memoria Gráfica del Paladar" (Ediciones Trea - Gijón - Asturias, España - 2007)
Sé lo que comisteis el último siglo…
Memoria del paladar es un título inmejorable para una exposición de menús gastronómicos curiosos. Entre mayo y junio del 2006 la muestra pudo ser vista en el centro comercial Moda Shopping de Madrid: 436 piezas de una colección de más de tres mil que la cocinera Belén Laguía había reunido durante décadas de dedicación. Menús suculentos elaborados por grandes chefs y minutas históricas que ingirieron hombres más o menos ilustres, documentos costumbristas, culinarios o anecdóticos que nos enseñan lo que comía el pueblo llano y la realeza: Franco en verano, el papa de viaje, los príncipes de Asturias al casarse…
(...) Belén ha tenido tiempo, perseverancia, inquietud y espíritu para ejercer de coleccionista, fielmente respaldada por su compañero y alma gemela, el inquebrantable Juan Gómez Soubrier, intelectual casquivano y gourmet insobornable (o quizá podríamos decirlo al revés). Juntos atesoran en su casa colecciones inconexas –pero muy afines a su ser– de licores desaparecidos, cocteleras retro, relojes extravagantes, camisas chillonas, camafeos customizados por artistas amigos, recetarios de casi cualquier cosa y, por supuesto, menús con una historia detrás. Esos menús que van siempre más allá de la simple enumeración de platos impresa en papel, cartón e incluso seda los han ido recopilando en incontables viajes y visitas a restaurantes célebres, incursiones por el rastro o las tiendas de libros usados y papeles antiguos…, cuando no se los han suministrado los propios protagonistas, herederos o cómplices que vivieron el momento histórico, aunque fuera de rebote. Belén tiene para dar y tomar y asombrar al más pintado, y uno diría que solo le falta, si se me permite la humorada, el de la Última Cena.
El fin último del coleccionismo, en la mayoría de los casos, es mostrar algún día los trofeos reunidos a gente afín o interesada. Con el tiempo, Belén se había convertido en la mayor experta de su especialidad en España y ya era hora de que compartiera de algún modo sus tesoros con el pueblo llano. (...) «Son solo listas de comida», dirán algunos necios. Allá ellos. Cualquier amante de la cocina o de la historia sabe que en estos menús está escrita buena parte de nuestra vida y de nuestras raíces culturales. Solo hace falta saber leer entre líneas, sin perderse el menor detalle, para imaginarse uno mismo de invitado preferente en alguno de estos agasajos pretéritos y salivar a entera discreción.
Juan Manuel Bellver
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