|
* Artículo de Juan Gómez Soubrier publicado en: El Café Gijón de Madrid (2005)
Don Miguel no quiere acordarse del nombre del pueblo donde comienza la acción de su novela. En cualquier mapa de carreteras a menos de dos leguas de El Toboso hay un pueblo que responde al nombre de Miguel Esteban. Sería entrar en una discusión bizantina propia de eruditos del capullo.
Lo importante es que Don Miguel no ha olvidado el nombre. Don Miguel dice: “de cuyo nombre NO QUIERO ACORDARME”. En general los humanos si se acuerdan de algo no pueden evitar contarlo y cuando no lo hacen es que no encuentran la neurona conveniente ni despierta.
Repetir esa estupidez de que la memoria es facultad de tontos a dejado contentos en este País a más imbéciles que un mal vino manchego.
En otros pasajes de la novela habla Don Miguel de un mancebo que cumplirá años en la fiesta de San Miguel cuando se recogen los frutos del otoño. Y aún hará varias referencias a otro lugar llamado Miguel Turra no lejano a los lugares de Sancho Panza.
Aquí una vez más resplandece la lucidez de Cervantes: “NO QUIERO ACORDARME” que es la forma más excelsa del olvido.
A veces me gusta pensar que Cervantes es el autor del falso Cervantes de Avellaneda para el que se inventó otro estilo, otro contenido y otras manías persecutorias. No apostaría ni un mal café para defender esta disparatada tesis que se me acaba de pasar por las mientes pero si alguna vez nos conociésemos dilecto lector, podría servir de aperitivo y acompañamiento a un buen vermut Carpano con la fórmula autentica de 1746 que me acaba de traer de Roma el sabio Javier Ruiz en cuyo instituto Cervantes acaba de publicar una pequeña joya de Sánchez Ferlosio. Charlaríamos de todo ello en la entrañable biblioteca que tiene en Tielmes el heredero espiritual y albacea de Don Joaquín de Entrambasaguas, el profesor Manuel Fernandez Nieto, que conserva con esmero una fotografía que yo le regalé y que figura entre las más serias y aburridas de la historia de la imagen. Es la cena de la asociación Cervantista de 1905 en un fúnebre restaurante londinense.
Espero que usted y yo lector amable siempre sabremos que el Quijote es otra cosa. Es tan solo, dilecto lector un lugar en nuestra memoria.
|
|